domingo, 9 de julio de 2017

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (11) QUIMIOTERAPIA Y OTROS CUIDADOS

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (11)
QUIMIOTERAPIA Y OTROS CUIDADOS



N.E. Este es el onceavo  post de una serie de aproximadamente diecisiete publicaciones que estaré realizando en torno al cáncer de mama y mi experiencia como paciente y médico. El primer post lo encuentra en "Cuando los médicos se enferman (1) [0] "

La quimioterapia es importante para el tratamiento del cáncer, no hay duda.
Sin embargo  cuando uno sabe de antemano todos los efectos secundarios que se pueden presentar,   es más fácil prevenirlos.

Así que voy a contarles todos esos pequeños cuidados que tuve y que me hicieron la vida más amable.  La mayoría de estas recomendaciones las adopté porque yo consideré que era lo mejor,  así nadie me lo haya dicho.

Normalmente me demoro 20 minutos  desde que entro al baño en la mañana y salgo bañada, vestida, maquillada y peinada…  pero durante la quimioterapia me demoraba casi 2 horas  y eso que no tenía que peinarme.

Durante la quimioterapia decidí que era mejor bañarme dos veces al día, para mantener fresca y limpia mi piel,  porque muchos residuos químicos salen por el sudor. Siempre usé agua fría-tibia  nunca caliente.  Cambié mi jabón normal por un jabón de Cetaphil,  que es más suave.  Siempre he tenido toallas blancas para secar mi piel,  que solo utilizo yo.

Me apliqué Cetaphil en crema  después del baño, todos los días desde el cuello hasta los pies,  es una muy buena crema hidratante y no tiene olor. 

Como dije en la entrada anterior, utilicé champú para bebé diariamente para mantener el cuero cabelludo limpio e hidratado.

Tuve que cambiar todas mis cremas de uso diario, la limpiadora, la hidratante, la del contorno de ojos,  el protector solar;  todas fueron a un cajón, justo al lado de los cepillos para el cabello, las moñas y las hebillas y no las volví a ver hasta hace pocos días.

Compré crema hidratante libre de parabenos, que usé dos veces al día en mi cara y cuello.
Adicionalmente un protector solar 50+,  también libre de parabenos que usé con mucho juicio, para evitar quedar con manchas  en mi piel y lo logré.
La limpiadora que uso en las noches  es especialmente suave y libre de jabones.

Todos estos productos se consiguen en tiendas dermatológicas o en mi caso los compré en el Country.

Suspendí el desodorante porque contiene metales (yo no lo sabía)  y conseguí uno libre de metales. Luego lo cambié por leche de magnesia.

Todos los días con mucho juicio me apliqué gotas oftálmicas de manzanilla,  hasta 4 veces al día  para mantener hidratadas las conjuntivas.

Me recomendaron un producto que era un desconocido para mi,  aceite de árbol de té,  con un olor penetrante, un poco feo al principio,  pero me lo aplico en uñas de manos y pies y las mantiene hidratadas, sin inflamaciones en la piel alrededor  y no me apareció ninguna lesión por hongos,  que son  tan frecuentes en la quimioterapia.  Cuando iba a que me realizaran mi manicura tenía mis propios implementos, para evitar  una infección.

Durante la quimioterapia permanecí sin esmalte en mis uñas,  solo iba a que me las limaran y les dieran la forma adecuada.  Muchas veces por los medicamentos las uñas toman una tonalidad gris-negro,  también se pueden caer o salir corrugadas,  en mi caso solo la uña del dedo índice de la mano derecha tomó un tono gris claro   pero ya desapareció por completo.

Admito que me miraba las uñas de modo ansioso todos los días, buscando cambios, sabiendo que esos cambios solo iban a ser reflejo de los efectos del medicamento. También le mostraba mis uñas a Diana todos los días y ella con paciencia me decía que se veían bien.

Hace pocos días cuando volví al trabajo  me puse nuevamente esmalte,  pero conseguí uno especial, que es libre de tolueno.  Y es bonito. 

En mi nariz  apliqué  Nasogel, tres veces al día,  para  evitar  que por la resequedad de la mucosa  empezaran a aparecer sangrados nasales indeseados.

El papel higiénico húmedo que venden de diferentes marcas es una opción realmente buena.

De mi baño desapareció la crema dental mentolada y fue reemplazada por una crema dental de caléndula,  al principio me pareció horrible, no genera espuma, sentí que era como lavarse los dientes con crema para las manos,  pero  protege mucho la mucosa oral y para colaborar en este mismo proceso, tampoco utilicé enjuagues bucales con alcohol,  los reemplacé por agua con bicarbonato,  así logré que no me apareciera ni un afta.

Mis pies, mis codos y mis rodillas tuvieron cada noche un pequeño masaje con aceite de almendras,  me hacía sentir mucho mejor y sin áreas resecas en mi piel.

Mi maquillaje?  Pues yo pensé que era mejor no maquillarme, pero Liliana la dermatóloga  me dijo que usara un poco de polvo en mi piel, sobre el protector solar, porque esto me iba a ayudar para que no aparecieran manchas solares.
Así que usé polvo translúcido,  un poco de sombra para ojos de tono marrón suave y  protector labial de Eucerin,  ese protector lo usé como mínimo 6 veces al día.

Mi ropa la empecé a lavar con jabones muy suaves y en el ciclo de enjuague adicioné vinagre blanco para evitar que quedaran residuos de jabón que pudieran irritarme la piel.

En algún momento tuve un brote por sudor en mi piel,  no tuve que usar ningún medicamento ni cremas especializadas, simplemente trituré con un martillo una pastilla de alcanfor y la mezclé con fécula de maíz y puse todo en un paño  limpio y seco  y me lo apliqué con golpecitos suaves y en menos de dos días había desaparecido. (Un viejo remedio familiar)

Siempre que salí a caminar lo hice con tenis o con zapatos muy cómodos, guardé todas las botas altas y los tacones en general,  mis pies recibieron muchos cuidados durante esos meses, porque no quería ninguna lesión innecesaria.

Permanecí con medias de algodón suaves, sin costuras y que no me apretaran en ninguna parte del pie.

Hablando de medias... cada vez que iba para aplicación de quimioterapia me ponía el mismo par de medias a rayas oscuras, azul, verde y vinotinto,  se volvieron una suerte de amuleto.

Un día me di cuenta que no estaba oyendo bien por el oído derecho,  así que le dije a la Dra. Sandra Franco,  ella me dijo que no me preocupara,  pero igual me recomendó asistir al otorrinolaringólogo.

Ese mismo día me vio el Dr. Carvajal y me dijo que los medicamentos que me estaban aplicando no eran ototóxicos,  me revisó y me explicó que tenía gran resequedad de la piel del conducto auditivo y eso llevaba a descamación y ese era el problema, me ayudó inmediatamente y salí de consulta oyendo perfecto.

Cada uno de esos cuidados fueron formando una gran red que  me ayudaron a tomar el control sobre mi cuerpo, creo que eso fue una ganancia gigantesca,  porque yo no tenía control sobre el tratamiento o sobre los cambios que ocurrían en mi cuerpo, pero pude controlar los pequeños detalles  y eso me hizo sentir que tomaba decisiones día a día.

Hoy en día sigo cuidándome un poco más que antes,  me dedico tiempo y me consiento,  vale la pena el esfuerzo extra, me gusta la textura de mi piel ahora y no tengo manchas solares,  ya tengo nuevamente pestañas y cejas,  aunque nunca desaparecieron por completo, si disminuyeron mucho en cantidad.

Eso también me lo enseñó este proceso, nada es definitivo, pero sí puedo maniobrar para que el resultado esté a mi favor.

Bueno llegó la hora de entrar en el mundo de la quimioterapia...


Mónica


[0]   Cuando los médicos se enferman (1) 

lunes, 3 de julio de 2017

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (10) QUIMIOTERAPIA Y CABELLO

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (10)
QUIMIOTERAPIA Y CABELLO 



N.E. Este es el décimo post de una serie de aproximadamente quince publicaciones que estaré realizando en torno al cáncer de mama y mi experiencia como paciente y médico. El primer post lo encuentra en "Cuando los médicos se enferman (1) [0] "




Bueno,  ya les he contado  mi diagnóstico, mi plan de tratamiento y la socialización que hice de mi enfermedad.

También les conté de la alimentación y la actividad física durante el tratamiento.

En esta entrada voy a hablar de algo que puede parecer superficial,  pero que tiene mucha importancia:  El pelo durante la quimioterapia.

Desde que el Dr. Robledo me dijo que yo tenía cáncer de seno, supe que iba a ser calva por un buen periodo de tiempo.

Él me preguntó si iba a usar peluca.  Le dije que NO,  me preguntó el motivo y le dije que  yo sabía que usar peluca era una buena alternativa para muchas mujeres, pero para mí se iba a convertir en un intento de negar lo que estaba ocurriendo,  él me respondió que  era  una decisión muy personal, pero que le parecía perfecto que lo asumiera de un modo consciente.

Tomé la decisión de cortarme el cabello desde antes de ir a cita con la Dra. Franco (oncóloga), yo solía usarlo largo hasta los hombros y  color castaño oscuro.

Así que el sábado fui donde Lucho que es mi estilista, a quien  previamente le había escrito y le había dicho que quería hacerme un corte extremo.

Llegué al  salón,  que se llama Ba-gua,  es muy acogedor y con un ambiente relajado y tranquilo, soy cliente de ellos hace más de 5 años, ese día  solo estaban Lucho y Milena que  me arregla las uñas,  les mostré una foto de un corte de cabello que había seleccionado por internet y ambos hicieron cara de sorpresa,  empezaron con todo el proceso y de pronto  Lucho me dijo: “Nos va a contar a qué se debe este cambio radical?” y les conté con unas cuantas lágrimas.  Les dije  que me habían diagnosticado cáncer de seno y que iba a iniciar un proceso de quimioterapia.  

Ambos se angustiaron,  pero me tranquilizaron,  me dijeron que todo iba  a salir bien,  que ellos tenían otros clientes que habían pasado por situaciones similares,  que  no me preocupara.

Ambos fueron muy amables conmigo y mostraron un interés real en mi proceso todo el tiempo.

Ese sábado salí del salón con el cabello corto hasta las orejas y como soy crespa, me dejaron con mis rulos naturales.

El primero que me vio fue mi sobrino Kazys  y me dijo que me quedaba muy bien,  que le gustaba mucho.
En general  mi nuevo corte  sorprendió a todos, pero tuvo buenas críticas.

Yo sentí que al tomar yo misma la decisión de ese primer corte de cabello,  estaba también tomando el control de la situación.

Andrés me ayudó a buscar por internet gorros, turbantes, pañoletas y compramos  de varios colores y materiales.  De esos que compramos mis preferidos fueron unos en algodón rosado y naranja,  eran suaves y frescos. No me apretaban ni me hacían sudar.

Naty mi sobrina me regaló dos hermosos turbantes de colores espectaculares,  me costó trabajo aprender a ponerlos, pero  fueron  fundamentales cada vez que salía a la calle.

Me acostumbré a ver el cabello más corto, a sentirlo menos pesado y adicionalmente a dedicarle menos tiempo.

A los cinco días del corte de cabello fue la primera aplicación de quimioterapia.

Cuando la Dra. Sandra Ximena Franco me vio en control  a los quince días de la primera aplicación,  me preguntó por el pelo, le sorprendió que no se me hubiera caído,  me miró, hizo cuentas y dijo: “mañana se te va a caer” me pareció un poco chistoso,  como  si fuera una broma.

Al día siguiente  de modo nada chistoso se me empezó a caer el pelo a manotadas,  fue impresionante,  quedaban zonas totalmente calvas en mi cabeza y unos moños de pelo en mis manos que fueron asustadores.  Ni siquiera me peiné para evitar que ese horrible streap-tease  de mi cuero cabelludo continuara.

Inmediatamente hablé con Lucho y le conté lo que me estaba ocurriendo,  me  contestó que fuera  al salón,   me sentó en la silla y me preguntó: “quiere mirar el espejo mientras afeitamos la cabeza o prefiere no mirar?”  le  contesté que no importaba, así que con las tijeras  cortó mucho cabello y luego con la máquina terminó el proceso…  ya era oficialmente calva.

En mi bolso llevaba un gorrito y una pañoleta de mis nuevas adquisiciones,  Lucho me dijo que había estado practicando como poner esas pañoletas para que se vieran bonitas,  así que salí con un lindo tocado verde,  que me hizo sentir especial,  me tomé una foto y se la mandé a Diana diciéndole que ya tenía nuevo look.

Yo pensaba que al afeitarme la cabeza el cuero cabelludo iba a quedar liso.  Pero lo que ocurrió es que quedaron pequeños pelitos de 3 a 5 mm de largo.

Después de la segunda aplicación de quimioterapia empecé a sentir mucho ardor en el cuero cabelludo,  dolor,  zonas enrojecidas.

Me molestaba mucho,  me incomodaba.

Así que hablé con mi amiga Sandra  que estaba pendiente de todo este proceso y le conté.  Me dijo que  le preguntáramos a  la dermatologa y me consiguió cita para ese mismo día con Liliana Montero.

Liliana fue increíblemente dulce,  me revisó el cuero cabelludo,  me explicó que el dolor era  secundario a los medicamentos que me estaban aplicando y también al efecto mecánico de esos pequeños pelitos que me chuzaban.  Me recomendó una loción capilar especializada y que me pusiera paños fríos.

Cuando me apliqué la loción capilar esa noche e hice un poco de masaje, empezaron a caer cosas desde mi cabeza y pensé que tenía caspa,  pero no,  eran los trocitos de pelo que se iban soltando con la loción,  así que mejoró un poco el dolor.

Me recomendaron lavar mi cuero cabelludo con champú para bebé y eso sigo haciendo hasta hoy.

Empecé a meter mis gorros en el congelador, en una bolsa sellable,  así me los ponía  fríos y eso me encantaba,  lo hice hasta el final del tratamiento.

Un día me desesperé por el dolor en el cuero cabelludo  y me quité muchos de esos pelitos y le conté a Diana,  obviamente le preocupó que me fuera a lastimar.

Tuve una extraña relación con mi pelo todo este tiempo,  primero decidí cortarlo,  luego decidí dejarme calva,  empecé a usar gorros, pañoletas y  turbantes de modo permanente,  más adelante  empecé a quedarme sin taparme la cabeza  estando con Andrés,  luego con Cenaida,  luego  con Viena y con Diana,   de algún modo me iba apropiando de mi cabeza que era un símbolo inequívoco de mi enfermedad y mi tratamiento.

Cuando estaba en el quinto mes de quimioterapia,  empezó a aparecer un poco de cabello... más bien un poco de pelusa blanca que me cubrió la cabeza,  era  suave y delgadita,  muy lisa,  como  tiritas,  fue raro,  no lo esperaba,  pero me gustaba  tocarme la cabeza suavecita.

Poco a poco mi cabello ha ido tomando forma y dirección.  Ha salido un poco más fuerte,  en un 90% plateado, algunos cabellos castaños y  lo más impresionante es que sigue liso.

Durante todo el proceso fui a donde Lucho y Milena, ellos siguieron ayudándome con mis uñas y  pendientes de mi cuero cabelludo.  Hoy ya no está Milena,  pero Katherine me ha seguido ayudando con mis uñas.

Hace un par de semanas fui donde Lucho  y le dije que me revisara mi cabeza,  le dije que ya no iba a usar más gorros ni pañoletas y que quería tinturarlo,  sin amoniaco.

Le mostré una foto,  era un corte  muy bajito, super moderno,  con un tono plateado-lavanda.  Volvió a hacer la cara de angustia por esa nueva decisión extrema.

Así que me lo tinturó y me lo recortó un poco para darle forma,  ese día salí de Ba-gua  con el gorro en el bolso. Lucho me puso un gorro y Lucho me lo quitó ocho meses después...  no sé si él sabe lo importante que han sido esos pasos para  mi proceso... pero si no lo sabía, ahora lo sabe, porque le gusta leer este blog... 

Salí convencida de que es una nueva vida,  está naciendo un nuevo cabello, un nuevo color,  me dicen que brilla mucho bajo el sol. Aunque no quedó lavanda,  es plateado.

Mi radioterapeuta, el Dr. Gaitán,  cada vez que me ve,  me toca la cabeza y sonríe.

Para una mujer el cabello es un símbolo de vanidad, de delicadeza y de cuidado, me atrevería a asegurar que las mujeres por naturaleza no deseamos ser calvas.  Pero aprendí que para tener un nuevo cabello,  ser calva es solo un paso.

Llamé a Diana y le conté que iba para mi trabajo por primera vez  sin gorro ni pañoleta,  ella me respondió: ”que bueno, todo va a estar bien,  no tiene porqué preocuparse” y estuvo muy bien.  

Hoy fui a un control con la Dra. Sandra Ximena Franco, lo primero que me dijo fue: "me fascina tu nueva apariencia"


Lo acepto, me siento diferente,  todo ha sido un renacer.

Y los otros cuidados?


Mónica



[0]   Cuando los médicos se enferman (1) 

lunes, 26 de junio de 2017

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (9) QUIMIOTERAPIA Y ACTIVIDAD FÍSICA

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (9)
QUIMIOTERAPIA Y ACTIVIDAD FÍSICA


N.E. Este es el noveno post de una serie de aproximadamente quince publicaciones que estaré realizando en torno al cáncer de mama y mi experiencia como paciente y médico. El primer post lo encuentra en "Cuando los médicos se enferman (1) [0] "




Cuando fue el momento de iniciar la quimioterapia,  Sandra Ximena Franco, mi oncóloga,  me dijo  que debía tener actividad física regular, pero volvió a insistir en que debía ser indulgente,  hacer la actividad de acuerdo al nivel de energía que tuviera  sin exigirme más de la cuenta.



Yo tenía planeado todo un esquema de caminatas largas a buen ritmo,  pero la realidad fue otra.



Después de la primera aplicación,  me sentía caminando de modo inestable.  Como si estuviera caminando en gelatina. Empecé a caminar más despacio de lo normal y con momentos de descanso frecuentes.  También sentía que me faltaba el aire,  me costaba trabajo respirar.


Cualquier tropezón y sabía que me iba a ir al piso.



Un día estábamos con Diana en sala de espera donde la oncóloga  y entró una mujer,  sin pelo, obviamente en medio de quimioterapia, con muletas y con una  pierna enyesada... Diana me dijo: "terrible estar en medio de la quimioterapia y encima fracturarse" y yo le dije:  con esta inestabilidad permanente al caminar,  debe ser más frecuente de lo que uno se imagina.



Tuve que poner una silla plástica en mi ducha,  la usé para darme puntos de apoyo y no caerme o resbalarme.



El aire fresco en el parque me disminuyó de modo considerable las náuseas y el mareo, pero llegar al parque era toda una odisea.



El 90% de las visitas al parque las hice con Samuel, íbamos lentamente, sin afanes, parecíamos dos viejitos caminando cogidos de la mano.



En una visita que hice al Dr. Santiago Rojas [1] (en una próxima entrada hablaré de estas consultas),  me dijo que un problema que teníamos las mujeres era que queríamos hacer todo rápido y al mismo tiempo. Me preguntó: "Cuál es el problema de hacer una cosa y descansar un rato,  luego otra y volver a descansar?"  Obviamente esa era la solución.



Yo misma me encargué  de ir a radicar mis incapacidades, lo que implicaba una caminata de 15 cuadras,  que en otro momento me tomaría 15 minutos,  en este periodo me tardaba un poco más de una hora.



Así que el día de la aplicación de quimioterapia no caminaba nada, los dos días siguientes caminaba pero dentro del apartamento para evitar el sol porque era cuando estaba más roja mi cara y quería evitar manchas en la piel que fueran permanentes y el cuarto día iba hasta el parque en la tarde-noche.  A partir del quinto día me obligaba a salir mínimo dos veces al día. 



Con la primera fase de la quimioterapia el gran problema fue lo que ya dije,  la inestabilidad, la sensación de piernas muy débiles.   En la segunda fase de la quimioterapia se suman los  calambres y dolores musculares.



En mi casa tengo una elíptica e intenté utilizarla pero  fue imposible,  me ahogaba solo con subirme.


Adicional  al cansancio y a la sensación de dificultad para respirar, se  sumó la sudoración excesiva,  cualquier ejercicio me hacía sudar de modo abundante... y para rematar el sudor  hacía que la piel me picara de modo indescriptible.



Hace unos días estaba en el Country esperando que me llamaran para mi terapia,  de pronto se abrió el ascensor y bajó una mujer joven, con una pañoleta marrón en la cabeza, la cara redonda y pálida,  los párpados inflamados,  no tenía cejas ni pestañas,  por unos segundos nos miramos a los ojos, nunca en la vida nos habíamos visto,  ella sin dejar de mirarme me dijo: “hace cuánto terminaste?” y yo le contesté: hace dos meses.  Me dijo: “o sea que todavía tengo esperanza?” y le dije con sinceridad: Claro que sí,  esto es duro,  pero se puede salir al otro lado.  Sonrió y se fue.


Es increíble como puedo empezar a reconocerme en los ojos de alguien más.  Como puedo sentir  su dolor, su tristeza, su impotencia y su desesperación.


No tengo claro cuándo di el paso definitivo que me sacó del terreno del dolor y me puso en el nuevo territorio  del “todo es posible”,  ahora puedo sonreír y siento que puedo lograr lo que yo quiera.




Ese día que la vi a ella,  recordé cuando le dije  a Samuel en medio de una de nuestras caminatas:



Yo no me voy a morir de esto, no te preocupes.



Esa fue mi declaración.  Esa misma declaración me mantuvo fuerte y centrada.


El Dr. Santiago Rojas  me hizo entender que el cáncer era un maestro de vida y yo decidí  aprender,  yo decidí  como llevar mi tratamiento y lo estoy haciendo.  Es un camino duro,  para valientes,  es un camino que es propio.

El ejercicio?  Claro que es importante,  pero es más importante aceptarse como una persona con cáncer que ha decidido  asumir el tratamiento,  con todo lo que implica. Aceptarse con el cansancio,  entender que caminar lento no es un signo de debilidad,  es un momento de la vida.  No hay nada que demostrarle a nadie,  no es una competencia.  Me atrevo a decir que este cáncer  ha sido para mí un motivo para reflexionar y conocerme  profundamente.   Ese también es un tipo de ejercicio.


Con Diana y Viena decidimos que el próximo año vamos a hacer el camino de Santiago de Compostela[2],  lo decidimos durante las sesiones de quimioterapia,  así que ya nos estamos organizando,  cuando lo digo suena increíble,  no les parece? Hace solo unas semanas me costaba  un esfuerzo sobrehumano caminar 4 cuadras,  hoy estoy planeando caminatas de 20 kilómetros diarios en un territorio desconocido…  pero esa es la vida, momentos difíciles que nos dan la oportunidad de fortalecernos e ir más allá.


Hoy puedo decir que soy fuerte.


Y para todos los que me han preguntado por mi pelo...



[0]   Cuando los médicos se enferman (1) 
[1]   Entrevista con el Dr. Santiago Rojas
[2]   Camino de Santiago de Compostella