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domingo, 16 de julio de 2017

CUANDO LOS MéDICOS SE ENFERMAN (12) LA QUIMIOTERAPIA

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (12)
LA QUIMIOTERAPIA


N.E. Este es el doceavo  post de una serie de aproximadamente diecisiete publicaciones que estaré realizando en torno al cáncer de mama y mi experiencia como paciente y médico. El primer post lo encuentra en "Cuando los médicos se enferman (1) [0] "

Bueno,  arranquemos por decir que antes del inicio de la quimioterapia,  la Dra. Franco me indicó que debía colocarme un catéter venoso central para la aplicación.

La quimioterapia la pueden aplicar por diferentes vías,  pero en mi caso decidieron la colocación de un catéter en mi subclavia,  que al ser un vaso grueso,  hace que sea más fácil y más seguro.

Mi mastólogo el Dr. Robledo, me colocó mi catéter.  Diana y Tati me acompañaron al procedimiento,  lo hacen  en salas de cirugía bajo anestesia general.  Es un procedimiento corto y de bajo riesgo.  Sobretodo cuando lo hace alguien con ese nivel de experiencia.

Ese procedimiento me lo hicieron el lunes y el jueves de esa misma semana era la primera aplicación de la quimioterapia.

El martes y el miércoles tuve dolor debido a la cirugía, nada extremo,  pude manejarlo con antiinflamatorios,  pero igual fue un poco limitante.

Finalmente llegó el día,  enfrentarse a lo desconocido…  la quimioterapia.

Llegué el jueves temprano a la clínica,  primero pasé con el Dr. Robledo, me revisó el catéter y autorizó  que se aplicara la quimioterapia a través del catéter  ese mismo día.

Subimos con Diana y con Andrés al cuarto piso,  a la unidad de quimioterapia.  Allí entregan los turnos por orden de llegada,  uno va entrando y escoge cubículo.

Yo estaba muy asustada, sentía la mandíbula muy tensa, sentía frío y dolor de estómago.  Algo 100 veces más intenso que cuando debía hacer una presentación frente a un auditorio repleto de gente.

Diana no decía nada pero estaba muy nerviosa también.
Nos ubicamos en el cubículo número tres.  Con ventanas que nos permitían ver a la calle,  fue la única vez que escogí ese cubículo,  tiene cama, no me gustó estar acostada, me hizo sentir muy vulnerable.

Los cubículos de quimioterapia en el Country son nuevos, limpios, individuales.  Uno entra con sus acompañantes y encuentra un par de poltronas grandes reclinables.  Son cómodos y dan privacidad.

Claro que una vez quedé ubicada en un cubículo en la parte posterior,  ese no tiene ventana,  la aplicación se me hizo eterna y un poco lúgubre.

Ya una vez ubicados en el cubículo, me colocaron una manilla con mi nombre completo y mi identificación,  la verificaron tres veces y ese proceso lo hicieron todas las aplicaciones,  la seguridad del paciente es un proceso primordial en la institución.

Uno puede comer algo que lleve o le llevan en un pequeño carrito, café, té, galletas, emparedados, fruta, agua, no hay problema.  Siempre le advierten que antes de llegar a la aplicación es mandatorio desayunar, o si no cancelan la aplicación. 

Ya con todo listo hicieron salir a Diana y a Andrés unos minutos y  la enfermera procedió a canalizarme a través del catéter,  es un pinchazo fuerte,  sobretodo esa primera vez, es un dolor profundo pero rápido.   Para las siguientes aplicaciones de quimioterapia  me coloqué un poco de Anestecin  en la piel  sobre el catéter, lo que mejoró considerablemente el proceso.

En todas las aplicaciones estuve muy bien acompañada, estuvieron Diana, Andrés, Tati, Claudia y Viena, en intervalos, pero jamás estuve sola.

Me gustaría haber aprendido los nombres de todas esas maravillosas personas que conforman el equipo de la unidad de quimioterapia, todos me dieron la mano, me sonrieron, me ayudaron y me hicieron sentir que  todo iba a estar bien.

Siempre los llevaré en mi corazón… a  la Jefe Julieth que fue maravillosa y  absolutamente dedicada, a la Jefe Adriana que fue increíblemente profesional y amable, al Dr. Molina que estuvo siempre conmigo,  a Juanita que me miraba a los ojos y me sonreía con una sinceridad absoluta que me hizo sentir confortable. 
A todas y cada una de las enfermeras con su inmensa paciencia y amabilidad.

A todos ellos,  que aún hoy me los encuentro en el pasillo y me sonríen, se detienen y me preguntan como estoy.

Ese primer  jueves una vez estuvo canalizado mi catéter empezó una rutina que se repetiría en cada aplicación,  primero pusieron un poco de líquido para hidratarme.

Debo aclarar que los medicamentos que se colocan, varían con cada paciente, dependiendo del tipo de cáncer, del estadío y de otra serie de factores que hacen necesaria la evaluación profesional por parte del oncólogo.  Yo solo voy a hacer referencia a la quimioterapia que a mi me correspondió.

Me pusieron Fosaprepitant,  en una infusión lenta,  cerca de media hora en goteo, se utiliza para prevenir las náuseas y el vómito provocados por la quimioterapia.  Tan pronto empezó la infusión sentí que me hundía, no se explicarlo mejor,  una sensación de vacío,  embotamiento,  fue raro y lo sentí  durante los cuatro primeros ciclos que siempre iniciaron con este medicamento.

Tan pronto terminó,  siguió el turno para el Ondansetron, también lo pasan lentamente, este se utiliza también para prevenir náuseas y vómito.  Con este medicamento la sensación es un poco diferente,  siento un horrible hormigueo en la frente, justo en el centro,  es muy incómodo,  empiezo a masajearme y noto que es difícil enfocar la mirada, me cuesta trabajo leer y Diana   se preocupa,  se me calienta mucho la cara,  me pongo un poco roja.  En este también nos demoramos un buen rato.

Me aplican Dexametasona, que es un corticoide para disminuir la posible respuesta alérgica a los medicamentos y también como antiinflamatorio,  durante la aplicación no tengo mayores síntomas.

Vuelven a colocar un poco de líquidos para mantenerme hidratada,  he tomado un poco de té y he comido galletas de sal durante este periodo de aplicación.

En esos momentos entra al cubículo la Jefe Adriana con un medicamento en la mano,  en un frasco de vidrio,  y el líquido es color naranja-fucsia y la Jefe dice  “aquí llegó nuestra amiga,  esta ya es la quimio…”  mientras yo respiraba profundo,  Diana dijo “Ay no…” y con la mano hizo una señal como para bendecir el frasco,  yo se que estaba  muy estresada  pero ella intentaba mantener la calma,  para mantenerme calmada.  Ese primer medicamento corresponde a la Doxorubicina.

Empieza a pasar lentamente el líquido naranja-fucsia a mi circulación,  estoy muy nerviosa, tensa,  siento los músculos de las piernas totalmente contraídos.

El Dr. Molina entra y habla con nosotros un rato, acerca de síntomas y también mirando la reacción al medicamento.
Tan pronto sale entra la psicóloga y me pregunta cómo me siento,  pero la verdad,  no tengo ganas de hablar.

Luego siguen entrando las enfermeras,  vigilando el proceso de modo minucioso,  me advierten que cuando vaya al baño mi orina va a estar del color del medicamento y fue inmediato ese cambio de color.

Siento dolor de cabeza,  leve,  como si tuviera una diadema apretada.

Al terminar, inicia el turno la Ciclofosfamida,  un líquido transparente,  que también entra lentamente a mi cuerpo,  siento un poco de calor,  el dolor de cabeza sigue,  el hormigueo en la frente también.

Una vez se terminó el medicamento, me pasaron un poco más de líquidos,  luego limpiaron el catéter,  me retiraron la canalización y me dieron varias indicaciones,  entre ellas, debía tomar ondansetron en tabletas durante los siguientes días.

Durante los seis meses  de quimioterapia no pude leer básicamente porque no podía enfocar bien,  de hecho las letras pequeñas me siguen siendo esquivas hasta el día de hoy, pero  debo esperar todavía unos meses antes de ir al oftalmólogo.

Incluso hoy para mi es un poco difícil escribir lo que se siente ese primer día,  porque estoy segura que algunos síntomas los provocan los medicamentos,  pero la gran mayoría son provocados por mi angustia,  por sentirme tan vulnerable.

Diana me dijo: “Iniciar el tratamiento, es haber recorrido la mitad del camino”  eso me hizo sentir más tranquila, aliviada y ella tenía razón.

Salimos de la primera aplicación, era 13 de octubre, estaba haciendo un sol resplandeciente,  yo me sentía inmensamente abrumada.  Llegamos al apartamento, nos estaban esperando Samuel, Galatea y Felicia.  

Empecé a tomar líquidos,  Diana se quedó toda la tarde conmigo,  empezó a llover,  todo se puso oscuro,  pude almorzar algo suave, me puse una pijama y antes de las 3 de la tarde me acosté y dormí,   fue un sueño pesado,  denso,  nada reparador.  Me desperté casi a las 6, Andrés había regresado y estaba hablando con Diana… 

Ella me vio que estaba sentada en la cama y se me acercó a despedirse,  me dijo que la llamara en caso de cualquier eventualidad sin importar la hora,  yo la abracé y empecé a llorar… de impotencia, de desespero,  pero también de agradecimiento, ella me apretó duro entre sus brazos y me dijo “Todo va a salir bien, yo estoy con usted,  es normal sentirse triste,  mejor me voy o me pongo a llorar yo también…”  y se fue  llorando.  Sentí como se me rompía un trozo de mi alma.

Tuve dos aplicaciones en noviembre y la cuarta fue en diciembre,  la rutina fue básicamente la misma cada vez, siempre estuve asustada,  nunca logré  llegar tranquila, ni feliz a las aplicaciones.

Cada día uno va conociendo  a las otras personas que están en el mismo proceso,  pero yo no tenía muchos deseos de relacionarme,  creo que era todo el estrés  que tenía,  prefería llegar a mi cubículo,  con mis acompañantes, hacer mi proceso y salir. 

Admito que no me gustaba oír  a las otras personas hablar de sus dolores o de sus logros o sus oraciones en voz alta,  aún sabiendo que es normal querer compartir estas experiencias en las salas de espera, yo simplemente me senté en las escaleras y  me encerré  en mis pensamientos.  

Odiaba cuando la gente en diferentes lugares, quería comparar los síntomas como si estuviéramos en una competencia.

Muchas personas me preguntan qué se siente durante la quimioterapia,  yo solo lo puedo describir como desazón, como una horrible sensación de malestar constante,  no solo físico sino principalmente emocional.  Me sentía triste,  me sentía brava,  quería sentarme y me sentaba pero rápidamente quería estar de pie o  acostada y en ninguna posición estaba cómoda.

La primera etapa de la quimioterapia comprendió las cuatro aplicaciones que les cuento, la de octubre, las dos de noviembre y la de diciembre.  

Pasar las fiestas de fin de año en medio de quimioterapia fue increíblemente triste,  puede que escriba un capítulo especial al respecto, más adelante, o puede que no.

Que pasó en la segunda etapa de la quimioterapia?

Mónica


[0]   Cuando los médicos se enferman (1)



lunes, 26 de junio de 2017

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (9) QUIMIOTERAPIA Y ACTIVIDAD FÍSICA

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (9)
QUIMIOTERAPIA Y ACTIVIDAD FÍSICA


N.E. Este es el noveno post de una serie de aproximadamente quince publicaciones que estaré realizando en torno al cáncer de mama y mi experiencia como paciente y médico. El primer post lo encuentra en "Cuando los médicos se enferman (1) [0] "




Cuando fue el momento de iniciar la quimioterapia,  Sandra Ximena Franco, mi oncóloga,  me dijo  que debía tener actividad física regular, pero volvió a insistir en que debía ser indulgente,  hacer la actividad de acuerdo al nivel de energía que tuviera  sin exigirme más de la cuenta.



Yo tenía planeado todo un esquema de caminatas largas a buen ritmo,  pero la realidad fue otra.



Después de la primera aplicación,  me sentía caminando de modo inestable.  Como si estuviera caminando en gelatina. Empecé a caminar más despacio de lo normal y con momentos de descanso frecuentes.  También sentía que me faltaba el aire,  me costaba trabajo respirar.


Cualquier tropezón y sabía que me iba a ir al piso.



Un día estábamos con Diana en sala de espera donde la oncóloga  y entró una mujer,  sin pelo, obviamente en medio de quimioterapia, con muletas y con una  pierna enyesada... Diana me dijo: "terrible estar en medio de la quimioterapia y encima fracturarse" y yo le dije:  con esta inestabilidad permanente al caminar,  debe ser más frecuente de lo que uno se imagina.



Tuve que poner una silla plástica en mi ducha,  la usé para darme puntos de apoyo y no caerme o resbalarme.



El aire fresco en el parque me disminuyó de modo considerable las náuseas y el mareo, pero llegar al parque era toda una odisea.



El 90% de las visitas al parque las hice con Samuel, íbamos lentamente, sin afanes, parecíamos dos viejitos caminando cogidos de la mano.



En una visita que hice al Dr. Santiago Rojas [1] (en una próxima entrada hablaré de estas consultas),  me dijo que un problema que teníamos las mujeres era que queríamos hacer todo rápido y al mismo tiempo. Me preguntó: "Cuál es el problema de hacer una cosa y descansar un rato,  luego otra y volver a descansar?"  Obviamente esa era la solución.



Yo misma me encargué  de ir a radicar mis incapacidades, lo que implicaba una caminata de 15 cuadras,  que en otro momento me tomaría 15 minutos,  en este periodo me tardaba un poco más de una hora.



Así que el día de la aplicación de quimioterapia no caminaba nada, los dos días siguientes caminaba pero dentro del apartamento para evitar el sol porque era cuando estaba más roja mi cara y quería evitar manchas en la piel que fueran permanentes y el cuarto día iba hasta el parque en la tarde-noche.  A partir del quinto día me obligaba a salir mínimo dos veces al día. 



Con la primera fase de la quimioterapia el gran problema fue lo que ya dije,  la inestabilidad, la sensación de piernas muy débiles.   En la segunda fase de la quimioterapia se suman los  calambres y dolores musculares.



En mi casa tengo una elíptica e intenté utilizarla pero  fue imposible,  me ahogaba solo con subirme.


Adicional  al cansancio y a la sensación de dificultad para respirar, se  sumó la sudoración excesiva,  cualquier ejercicio me hacía sudar de modo abundante... y para rematar el sudor  hacía que la piel me picara de modo indescriptible.



Hace unos días estaba en el Country esperando que me llamaran para mi terapia,  de pronto se abrió el ascensor y bajó una mujer joven, con una pañoleta marrón en la cabeza, la cara redonda y pálida,  los párpados inflamados,  no tenía cejas ni pestañas,  por unos segundos nos miramos a los ojos, nunca en la vida nos habíamos visto,  ella sin dejar de mirarme me dijo: “hace cuánto terminaste?” y yo le contesté: hace dos meses.  Me dijo: “o sea que todavía tengo esperanza?” y le dije con sinceridad: Claro que sí,  esto es duro,  pero se puede salir al otro lado.  Sonrió y se fue.


Es increíble como puedo empezar a reconocerme en los ojos de alguien más.  Como puedo sentir  su dolor, su tristeza, su impotencia y su desesperación.


No tengo claro cuándo di el paso definitivo que me sacó del terreno del dolor y me puso en el nuevo territorio  del “todo es posible”,  ahora puedo sonreír y siento que puedo lograr lo que yo quiera.




Ese día que la vi a ella,  recordé cuando le dije  a Samuel en medio de una de nuestras caminatas:



Yo no me voy a morir de esto, no te preocupes.



Esa fue mi declaración.  Esa misma declaración me mantuvo fuerte y centrada.


El Dr. Santiago Rojas  me hizo entender que el cáncer era un maestro de vida y yo decidí  aprender,  yo decidí  como llevar mi tratamiento y lo estoy haciendo.  Es un camino duro,  para valientes,  es un camino que es propio.

El ejercicio?  Claro que es importante,  pero es más importante aceptarse como una persona con cáncer que ha decidido  asumir el tratamiento,  con todo lo que implica. Aceptarse con el cansancio,  entender que caminar lento no es un signo de debilidad,  es un momento de la vida.  No hay nada que demostrarle a nadie,  no es una competencia.  Me atrevo a decir que este cáncer  ha sido para mí un motivo para reflexionar y conocerme  profundamente.   Ese también es un tipo de ejercicio.


Con Diana y Viena decidimos que el próximo año vamos a hacer el camino de Santiago de Compostela[2],  lo decidimos durante las sesiones de quimioterapia,  así que ya nos estamos organizando,  cuando lo digo suena increíble,  no les parece? Hace solo unas semanas me costaba  un esfuerzo sobrehumano caminar 4 cuadras,  hoy estoy planeando caminatas de 20 kilómetros diarios en un territorio desconocido…  pero esa es la vida, momentos difíciles que nos dan la oportunidad de fortalecernos e ir más allá.


Hoy puedo decir que soy fuerte.


Y para todos los que me han preguntado por mi pelo...



[0]   Cuando los médicos se enferman (1) 
[1]   Entrevista con el Dr. Santiago Rojas
[2]   Camino de Santiago de Compostella




domingo, 18 de junio de 2017

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (8) QUIMIOTERAPIA Y ALIMENTACIÓN


CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN (8)

QUIMIOTERAPIA Y ALIMENTACIÓN




N.E. Este es el octavo post de una serie de aproximadamente quince publicaciones que estaré realizando en torno al cáncer de mama y mi experiencia como paciente y médico. El primer post lo encuentra en "Cuando los médicos se enferman (1) [0] "

Voy  a empezar haciendo una confesión,  en mi caso,  el manejo de la alimentación fue complicado, me generó mucha ansiedad y me arrancó varias lágrimas.

Tomé la decisión de escuchar las recomendaciones de alimentación solamente de mi oncóloga y de la nutricionista de la Unidad de Quimioterapia.  Al resto hice oídos sordos para intentar no enloquecerme.  Con el paso de los días solo hice caso a las indicaciones de mi oncóloga y al sentido común.

Voy a describir cada recomendación,  el motivo de la recomendación y finalmente como lo adopté para mí.

Toca hidratarse a conciencia.  Como lo dije en una entrada anterior,  la quimioterapia deshidrata los tejidos,  uno permanece como en una eterna  resaca,  así que  me programé para hidratarme,  compré pedialyte pero no tomé tanto  como tenía pensado, solo me tomé dos botellas con cada aplicación. Lo salado/dulce del pedialyte me molestaba mucho.  Al principio tomaba aguas saborizadas, pero rápidamente las descarté porque me sabían a químico, la ginger ale  fue una delicia la primera aplicación pero después me daban nauseas en lugar de quitarlas. El agua natural no se sentía muy agradable.   Me recomendaron no tomar jugos.  Finalmente y hasta hoy,  resolví mi hidratación tomando agua gasificada muy fría, con unas gotas de limón,   fue una buena solución,  me hizo sentir bien y la encontraba fácilmente.

Debo comer fraccionado, evitar las comidas abundantes.  La recomendación es básicamente porque toca evitar la distensión del estómago y disminuir la posibilidad de vómito y náuseas.  También se facilita la digestión.  Eso no fue difícil,  empecé a comer por horario,  más o menos cada 3 horas comía pequeñas cosas como galletas de sal. 

Tengo que evitar las verduras crudas.  Eso ocurre porque las hortalizas durante su periodo de cultivo son regadas con aguas que no siempre son de la mejor calidad y llevan muchos parásitos, algunos quedan en la superficie, pero otros parásitos quedan dentro de la hortaliza. Toca lavarlas abundantemente, pero igual  cuando uno está en quimioterapia las defensas son muy bajas y si uno se come unos parásitos, puede terminar con una infección intestinal complicada. Si uno está bien de defensas con una lavada resuelve la situación.  Esta parte fue difícil para mí, porque normalmente como mucha ensalada. Empecé a comer vegetales al vapor o al wok, pero no es igual.  Encontré un sitio al que mando un mensaje de texto y me traen a la casa un mercado de vegetales orgánicos deliciosos, variados y hermosos. Se llama Patay [1].

Debo disminuir o suspender los lácteos.  Mi tipo de tumor era hormonal de acuerdo a los estudios, me tocaba evitar el estímulo con las hormonas que pueden contener los lácteos. Muy difícil para mí,  pero descubrí el queso de almendras y me agradó como sustituto. Aún lo sigo comprando en uno de mis restaurantes favoritos que se llama V-getal [2].

Tengo que consumir huevo.  Es importante subir el nivel de proteína,  principalmente albúmina, porque es transportadora de los medicamentos.  Claro que toca verificar la integridad de la cáscara del huevo antes de usarlo y comerlo muy bien cocinado,  no huevo crudo o medio crudo (que no es que me guste),  porque puede contener Salmonela y volvemos a la explicación de las defensas bajas y la posibilidad de infecciones.  

Debo consumir frutas frescas, de las que tienen cáscara gruesa y se pelan.  Lavarlas muy bien previamente.  Cuando dicen frescas es para evitar los enlatados y todos sus preservantes. Y lo de la cáscara gruesa y pelar  es básicamente para disminuir la ingesta de pesticidas que vienen con las frutas.  Así que  al principio solo incluí granadilla [3]  y pitahaya [4],  que me ayudaban también a regular mi intestino. Más adelante incluí bananos para disminuir los calambres.

Es mejor disminuir el consumo de carnes rojas y máximo consumirlas una vez por semana, e intentar  que la carne esté bien cocida.   Esta es una recomendación general para evitar más problemas intestinales a futuro.  Con esto no hubo problema,  no soy gran consumidora de carne en mi vida diaria.

Tengo que consumir pollo y pescado bien cocidos, preferiblemente orgánicos.  Se requiere mantener un buen nivel de proteínas en la dieta.   Eso mejora sustancialmente el tratamiento. Comí pollo a la plancha casi a diario,  me esforcé y consumí  algo de salmón, no es mi favorito, pero sabía que era importante.  Aquí hacen la recomendación puntual de no consumir Sushi  pero  en mi caso no aplica porque no me gusta el pescado y mucho menos crudo. Encontré un sitio donde venden pollo y huevos orgánicos y me los traen a domicilio,  se llama "la descendencia del gallo" [5].

Debo disminuir o evitar los azúcares refinados. Básicamente para  lograr mantener un buen balance y evitar complicaciones.  Esto requirió esfuerzo pero no fue imposible.

Limitar el consumo de alcohol.  La quimioterapia se procesa en gran medida en el hígado, lo que menos se quiere es congestionar el hígado con otras sustancias como alcohol. No hay problema, solo tomo vino  en  eventos de celebración y lo suspendí de raíz.

No debo consumir coca cola.  Esta fue muy difícil,  quienes me conocen saben que tenía una relación especial con la coca cola...  llevo sin tomar ni un sorbo desde hace 9 meses.

Disminuir el consumo de soya,  derivados y salsas. Básicamente por estímulo hormonal, no hay  problema.

El manejo, almacenamiento y procesamiento de los alimentos, requiere un mayor cuidado del habitual.  Utilizar una tabla de picar para las proteínas y otra diferente para los vegetales. Cuchillos diferentes para esa misma labor.  Preferir ollas y sartenes de acero o vidrio y evitar los de aluminio.  Cubrir todos los alimentos al ser llevados a la nevera. Calentar solo la porción que se va a consumir. Evitar  recalentar.   Preferir la comida hecha en casa en lo posible. Usar guantes para la manipulación de las carnes crudas. En fin, al principio pensé que estaba exagerando, pero luego me dí cuenta que era lo mínimo que podía hacer para cuidarme.

En resúmen,  mi menú diario para la quimioterapia: 
  • Desayuno una tortilla de huevo,  un agua aromática,  una granadilla,  una tajada de pan.
  • Media mañana otra granadilla y unas  galletas de soda.
  • Almuerzo pechuga a la plancha,  vegetales al wok,  arroz blanco,  a veces puré de papa.
  • Media tarde,  té con galletas
  • Cena  arroz blanco con huevo,  o  una tortilla de harina con alguna proteína.
  • Mínimo 8 vasos de agua.

Tomé sopa de pollo al principio, pero  no fue mi mejor aliada y la descarté  hace varios meses de mi vida... me trae pésimos recuerdos.

El día de la aplicación, el almuerzo variaba un poco, almorzábamos con Diana y con Andrés,   me gustan los fríjoles blancos con arroz  que me traen de un  restaurante que se llama Brown es una repostería [6], o una pechuga aderezada con durazno y acompañada de arroz salvaje que me traen de SUNA [7].  

A medida que avanzó el proceso me dí pequeñas libertades que disfruté.

Viena mi hermana,  me trajo siempre rosquitas de arroz. Con ellas reemplazaba las galletas de sal (saltinas),  no se imaginan la sensación,  lo salado, lo crocante...  tengo una relación histórica con las rosquitas de arroz,  así que cada vez que me comía una,  me transportaba a mis épocas de Médico rural en San Martín [8],  donde comprábamos rosquitas con Natalia y nos las comíamos mientras caminábamos  con el sol sofocante de la tarde, buscando un sitio con sombra y donde nos llegara un poco de brisa.  Parece que fue hace un siglo.

Diana me regaló un libro que se llama "Cocina para Uno" [9], de ahí preparé varias recetas, una crema de calabaza,  otra de tomate,  unos garbanzos  y unos sanduches,  buen libro.

Tuve tanta ansiedad con la comida,  que hice un listado de antojos para resolver al terminar la quimioterapia:


  • Ensalada césar de la plaza de andrés [10] ✅
  • Lasaña de pollo con mucho queso preparada por Diana ✅
  • Ensalada thai de Crepes & Waffles [11] ✅
  • Lomo de Isola [12] ✅
  • Pizza de plátano de Karens [13] ✅
  • Carne a la llanera ✅
  • Ensalada de pavo de Brown [6]  ✅
  • Ensalada cesar y torta de La Nona ✅ de Harry [14]
  • Chilaquiles con queso de la Casa Mexicana [15] ✅
  • Cheesecake de galletas oreo de Myriam Camhi [16] ✅
Como verán hemos  ido  cumpliendo mis deseos (✅) ...

Ya hoy tengo una dieta más balanceada que durante la quimioterapia y mucho más balanceada que antes del diagnóstico.  Eso ha sido muy positivo para mi.

Y el ejercicio?  

Mónica



[0]
  Cuando los médicos se enferman (1)
 
[1]  Patay Mercadito Organico - WhatsApp +57 313 492 63 76
[2]  Restaurante vegetariano VG-TAL
[3]  Granadilla (Fruta)
[4]  Pitahaya (Fruta)
[5]  Tortuga Pollo Orgánico - WhatsApp +57 312 440 25 97
[6]  Brown es una repostería.
[7]  SUNA, Restaurante y Mercado
[8]  Municipio de San Martín, Meta.
[9]  Martín Galilea, Maria Pilar. Cocina para Uno. Editorial Planeta.
[10]  La Plaza de Andrés
[11]  Creppes & Waffles
[12]  Isola Restaurante
[13]  Karen's Pizza
[14]  H&B Bakery
[15]   Casa Mexicana Express
[16]   Pasteleria Myriam Camhi