domingo, 6 de agosto de 2017

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN(15) MEDICINA INTEGRATIVA

CUANDO LOS MÉDICOS SE ENFERMAN(15)

MEDICINA INTEGRATIVA






N.E. Este es el quinceavo  post de una serie de publicaciones que estaré realizando en torno al cáncer de mama y mi experiencia como paciente y médico. El primer post lo encuentra en "Cuando los médicos se enferman (1) [0] "

Recién estaba en la primera o segunda cita con mi Mastólogo, el Dr. Robledo, cuando me dijo que  adicional al tratamiento de quimioterapia, cirugía y radioterapia, el consideraba que era importante que me viera alguien de Medicina Integrativa que pudiera manejarme más allá de la patología y así  poder controlar mi ansiedad ante la enfermedad y ante el tratamiento.

Me dio el nombre de una Doctora, que la verdad no recuerdo ahora e igual fue imposible conseguir  esa cita, siempre nos cruzamos  y finalmente desistí.

Decidí asistir a una consulta de Acupuntura,  por primera vez en mi vida,  la escogí porque quedaba cerca de mi apartamento y alguien me dijo que era buena en su área. 

Ella fue importante en el inicio de este proceso, fue profesional, seria y me propuso un plan de tratamiento en el que debía asistir cada semana a colocar agujas, con el fin de relajarme y prepararme para todo este tratamiento, a mi me pareció bien.  De hecho salí contenta de esa primera consulta,  llamé a Diana  y le conté con detalles,  ella también consideró que  era una actividad adicional que me iba a ayudar mucho.

Cuando asistí a la segunda cita de Acupuntura,  recién me habían colocado mi catéter central para aplicación de quimioterapia, estaba inflamada, con dolor y un poco limitado mi brazo izquierdo por el procedimiento.  La Doctora hizo cara de angustia cuando miró el sitio del catéter,  o más bien cara de horror mezclado con pánico.  Preguntó varias veces el objetivo de colocar ese catéter,  yo le expliqué que era para colocar la quimioterapia de modo más seguro.

De pronto se quedó mirándome y me dijo: “Creo que tu tratamiento es demasiado agresivo,  estás segura de que eso es lo que quieres hacerle a tu cuerpo?”.  Yo me sorprendí con la pregunta,  pero le contesté que yo confiaba plenamente en el Dr. Robledo e iba a hacer lo que él me dijera. 

Me puso las agujas y al final me dijo: “Yo no creo que debas pedir las citas  semanales conmigo,  más bien dejemos abierta la posibilidad y vienes si crees que te puedo ayudar en algo… pero hay cosas que no son compatibles con otras”.

Me sentí angustiada,  salí de la consulta y llamé a Diana y le conté todo, ella me contestó: “Yo estoy segura de que el tratamiento que le propuso el Dr. Robledo es el adecuado”  y yo le contesté:  Yo también estoy segura.

Esa respuesta de Diana me hizo sentir más tranquila,  porque cuando uno está en medio de un terreno tan desconocido, es importante tener el respaldo de alguien como Diana, que le dice a uno que no está haciendo locuras.  Diana fue mi respaldo en cada paso.

Fui nuevamente donde la Acupunturista un par de veces porque sentía que ella me podía ayudar en el manejo de la ansiedad y los problemas de sueño que empezaron a aparecer durante los primeros meses de quimioterapia,  pero rápidamente me di cuenta que no era suficiente o de pronto yo no confiaba ya mucho en lo que ella me decía.

Tenía mi libro de mandalas que me habían regalado y pasaba largas horas coloreando y peleando contra mi agudeza visual disminuida que no me ayudaba con las pequeñas figuras.  Las madrugadas frías bogotanas me encontraban muchas veces sin haber cerrado los ojos,  pero yo sentía que  no tenía muchas opciones.  Samuel, Galatea y Felicia me acompañaban y me miraban como preguntándome en qué momento nos íbamos a la cama.

En Diciembre le envié un obsequio de navidad a Adriana,  agradeciéndole todo lo que estaba haciendo por mi y el hecho de estar tan pendiente de mi evolución, de mis citas, de mis autorizaciones… todo.
Yo a esas alturas estaba agotada, abrumada,  sin dormir,  un poco desesperada y sacando fuerzas de donde no tenía.
Cuando Adriana me llamó a agradecerme mi obsequio,  me preguntó cómo estaba y le conté  de mi agotamiento.  Ella me preguntó si estaba viéndome Santiago Rojas.  Yo le dije que no,   pero recordé que  el Dr. Robledo también me lo había nombrado al principio, pero lo habíamos descartado porque no era fácil conseguir la cita.  Adriana me ayudó a conseguir la cita a los pocos días.

El Dr. Santiago Rojas es   Médico Bioenergético y Holístico  especializado en cuidados paliativos,  de hecho atiende pacientes con diagnósticos de cáncer o VIH.  En el país es ampliamente reconocido y respetado.  Yo lo había oído nombrar muchas veces, pero nunca me había aproximado a su consulta.

 

Yo fui con todo el escepticismo que me caracteriza,  yo soy Médico tradicional, así que no estoy muy  inclinada a creer en medicinas alternativas,  pero ya estaba sintiendo  que yo sola no iba a lograrlo, Diana que estaba siguiendo mi proceso tan de cerca, me insistió en que fuera.

 

Llegué temprano a la clínica del Doctor Rojas, fui sola, estaba haciendo mucho frío y estaba lloviznando,  mi cita era a las 7 de la mañana,  me senté en la sala de espera y llegaron dos personas más.  A los pocos minutos llegó el Dr. Rojas,  saludó  amablemente a las otras dos personas y de pronto se dio la vuelta,  se quedó mirándome y cruzó la sala a grandes zancadas y llegó al frente mío,  yo estaba sentada, él se inclinó,  tomó mi cara entre sus manos y dijo: “No te preocupes, no tienes por qué angustiarte,  ya nos vemos adentro…  todo va a estar bien” me besó en la frente y me sonrió.   Yo no dije ni media palabra. Tampoco respiré. Fue un momento  intenso.

 

Me llamaron a consulta y una Doctora que trabaja con el Dr. Rojas fue la encargada de hacer mi historia clínica,  me preguntó todo con detalle,  el tipo de cáncer, el día del diagnóstico, los marcadores, los receptores, el tipo de tratamiento, en qué fase iba…   todo,  con mucha minuciosidad,  me preguntaron por mi infancia, mi adolescencia, mi familia,  mi relación de pareja,  mi alimentación,  mi ejercicio y llegamos a mi patrón de sueño,   les conté que estaba durmiendo en promedio dos horas por noche y permanecía agotada todo el tiempo.

 

Luego me examinaron y  en ese momento entró el Dr. Rojas,  revisó todos los datos,  hizo más preguntas dirigidas,  se notaba que conocía el tema del cáncer de seno  al detalle.  Una de las primeras preguntas que  me hizo fue acerca del equipo médico que me estaba atendiendo,  le dije que el Dr. Robledo y la Dra. Franco, me contestó: “Los conozco hace mucho tiempo,  son excelentes, estás en muy buenas manos.  Ellos van a tratar tu enfermedad,  tienes que dejarte guiar por ellos. Nunca voy a interferir con el tratamiento que ellos te indiquen. Yo no voy a tratar tu enfermedad,  voy a tratarte a ti, a la persona,  para que puedas  salir triunfante de este proceso,  para que puedas volver a sonreír”

 

Obviamente cuando hablamos de volver a sonreír…  me puse a llorar,   él se acercó y se quedó en silencio mirándome intensamente y me dijo: “A qué le tienes miedo?” y yo le contesté  casi sin pensarlo demasiado:  a la repetición,  no es miedo a morir,  no es miedo al dolor,  es saber que esto puede volver una y otra vez y no se si tenga fuerza para  salir adelante.

 

Me miró y me dijo  con toda la seriedad: “Esa es tu decisión.     decides si quieres levantar la cabeza y  ver el cielo…   o si prefieres levantar la cabeza y ver una espada de Damocles que está a punto  de caerte encima.  No puedes mirar el cáncer como un castigo que te impuso la vida,  el cáncer es un maestro de vida,  si tú puedes  manejarlo de ese modo, yo soy tu Médico,  yo te voy a ayudar  y voy a ir contigo  en este proceso”

 

Me dijo que íbamos a trabajar en cuatro cosas:

 

·      Sueño:  es mi obligación dormir, todo lo que pueda dormir,  durante el sueño mi cuerpo se va a ir recuperando,  pero si no duermo,  lo someto a un gran desgaste y no me va a permitir seguir adelante con todo este proceso.  En ese momento le insistí en la angustia que me generaba el no estar durmiendo,  se dio la vuelta,  me miró y me dijo: “Ese es mi trabajo,  yo lo soluciono” No entendí al principio,  pero la verdad fue que esa frase me quitó la angustia de no dormir y me permitió entregarme al tratamiento.

·      Alimentación:  No debo comer  azúcares refinados,  me dice con toda la calma del mundo,  que él sabe lo difícil que es manejar la alimentación durante la quimioterapia,  que por eso vamos a ir paso a paso.

·      Actividad física:  Me dice que debo moverme,  lo que pueda, lo que mi cuerpo  me permita, pero no puedo estarme quieta.

·    Manejo de mi relación con el mundo,  mi estrés, mi ansiedad, mis expectativas, mis emociones.

 

También quiso saber  acerca de mi pareja,  fue claro en ese punto,  me preguntó si me estaba apoyando y me dijo que no podía dejarlo interferir  en mi tratamiento.

 

Sonrió cuando me dijo: “Yo estoy contigo”.  Y de hecho ha estado conmigo todo el tiempo, me sonríe muchas veces y se pone serio otras tantas,  pero ha estado conmigo,  me ha guiado y me ha ayudado a fortalecerme.

 

Me ordenó algunas esencias y terapias de desintoxicación.

 

Salí tranquila,  me sentí reconfortada  y  como siempre,  llamé a Diana,  Ustedes van a decir que no dejé a mi hermana Diana  tranquila ni un solo día….  Y es verdad,  no la dejé tranquila,   la llamaba todo el tiempo,  ella venía,  no le importaba tener que manejar de un lado al otro, vivimos en lugares diferentes de la ciudad, con más de 150 cuadras de separación y quienes conocen esta ciudad de movilidad reducida, imaginarán las horas interminables que ella pasó a en un carro… para estar conmigo.  Ella me ofreció su apoyo incondicional y nunca me dejó sola.

 

Le conté todo lo ocurrido en la consulta mientras caminaba hasta el apartamento,  todos los detalles.  Ella me escuchó y se emocionó,  le gustó mucho,  me dijo que me sentía contenta,  la verdad es que estaba contenta.

 

Mientras le contaba a Diana lo que había ocurrido en la consulta,  entendí por qué el Dr. Robledo había hablado de Medicina Integrativa y no de Medicina Alternativa,  el Dr. Rojas no propone un  tratamiento alterno para el cáncer,  el integra su tratamiento  al que uno ya trae.  Es maravilloso,  nunca me hizo dudar del tratamiento establecido, no lo cuestionó, él se encargó de  validarlo y reforzarlo.

 

Las terapias de desintoxicación fueron  relajantes, metía los pies en un recipiente con agua y el agua iba cambiando de color,  no se  explicar cómo ni por qué,  pero me sentí menos inflamada.   Ese proceso arrancó terminando la primera fase de la quimioterapia y empezando la segunda fase.

 

Antes de tres días de iniciado el tratamiento del Dr. Rojas, empecé a dormir mucho mejor,  varias horas,  profundo, reparador  y eso  marcó una diferencia gigantesca,  sentí que podía lograr  salir adelante.  Y lo hice,   en serio,  dormir bien, fue tan importante para mí  que va más allá de cualquier explicación lógica.

 

He ido a varias consultas con el Dr. Rojas,  siempre hablamos de diferentes temas,  pero toca esos cuatro pilares fundamentales,  el sueño, la alimentación, la actividad física y mi estado emocional.

 

Me dijo que los tipos de pacientes son como los tipos de estudiantes:

·     Los “vagos”  que no hacen lo que se les indica y esperan que mágicamente todo salga bien.

·     Los “furiosos” que  están disgustados todo el tiempo por la situación y no logran avanzar.

·      Los “sabelotodo” que  llegan al Médico y ya  han investigado todo lo posible sobre su enfermedad, cuestionan todo y no se dejan guiar.

·     Los “emotivos” que sienten que todo los abruma, están tristes todo el tiempo, se lamentan y no se mueven

·     Los “Juiciosos” que  hacen lo que deben hacer en los momentos oportunos  y van superando las etapas.

 

Yo me di cuenta que todos los pacientes tenemos  un poco de todos estos tipos en los diferentes momentos del proceso,  lo importante es identificarlo, reconocerlo e irse moviendo, no quedarse esperando soluciones mágicas.

 

Siempre salgo de estas consultas pensando en algo diferente,  entiendo cosas que no eran claras para mi,  así suenen obvias,  así yo haya tenido en mi consulta pacientes con cáncer,   porque creo que el Dr. Rojas no solo me ha ayudado enseñándome acerca de la enfermedad o del tratamiento,  me ha enseñado acerca de la vida, a ser una persona más fuerte y me ha mostrado que yo decido en cada paso del camino y más importante aún,  me enseñó cómo  poder dejar a un lado  la bata de médico  y así poder acostarme en la camilla de paciente dejando en manos de los expertos mi tratamiento.  Eso nunca podré terminar de agradecerlo.  Incluso creo que hoy soy mejor Médico que antes.

 

En la tercera consulta me preguntó si era casada,  yo me sorprendí porque ya habíamos hablado del tema el primer día y me dijo: “Yo sé que ya lo hablamos y tengo claro que me dijiste que eras casada, pero también sé que siempre vienes sola a mi consulta, yo te veo sola”.  Le expliqué que cuando iba a citas con Mastología y con Oncología  iba siempre acompañada,  porque me angustiaba lo que me fueran a decir.  Pero a las citas con él iba sola,  porque  me gustaba ir,  me relajaba mucho.  Así que me dijo: “Que bien, me encanta que te sientas segura viniendo conmigo, siempre y cuando sea porque quieres venir sola y no porque no tienes quien te acompañe”

 

Justamente mañana tengo cita con él y voy a ir sola, porque esa es mi decisión. 

 

Nunca olvidaré que cuando fui a la segunda cita, me miró y me dijo: “Me estás sonriendo con toda tu cara,  me sonríes con tus labios, pero más importante aún … me sonríes con tus ojos.  Te veo más fuerte.  Eso me encanta”

 

Y vuelvo a repetir,  Soy más fuerte cada día.

 

También me dijo: “Tomaste la enfermedad, aceptaste el tratamiento, aprendiste mucho de la vida y renaciste”


Y les juro que es verdad.

 


Y llegó la cirugía…


Mónica

Nota: Por cierto, sabían que Bogotá está de Cumpleaños este fin de semana?  miren esta belleza interpretada por mi   cantante favorita ...



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